Orquídeas venenosas en el ojo de mi mente que insisten en mi ser yo.
La belleza de sus intrincados pétalos no consuelan un momento de mi soledad, que insiste con sus pruebas tangibles que debía haber sido uno de esos malnacidos a los que aborrezco.
La paradoja de elegir entre esta muerte lenta, o de haber matado mi yo y dejar que otro habitara este cuerpo de hombre.
No sé qué odio más, si a ese tipo de hombre, o a las recompensas que obtiene.
Cegado por la rabia, veo las pocas opciones. Soy locomotora de frenos rotos a toda máquina en una vía muerta, rumbo a término.
Ego ipse sum, no me sirve de consuelo. Tampoco soy capaz de convertirme en quien no soy, ni quiero.
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