lunes, 30 de diciembre de 2013

Descorazonado.

Mi bien, dudo que leas ésto. Prendado, prendida antorcha dispuesta a alumbrar, me consumo y renazco cada noche, muriendo un poco en cada despertar (no hace falta que me explaye).

Cálido el viento de mis sueños, que ansío cada noche, por estar tú en ellos, y que me rehuye. Salvajemente recatada te apareces, gloriosa en tu feminidad que me abarca.

Qué desperdicio de amigo, con regalos en el rincón. Qué desperdicio de vida al no saber que existias.

Mi Tahr.

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