Salí a buscarte,
pero no pude verte
a tí o a tu foto.
En la misma mesa
donde tu pinta y mi refresco
se sentaron
al recogerte aquel día,
posé mi guitarra y bastón.
Derrotado por la lluvia
y el pajar en que vive mi aguja,
retorné
a esperar el resto de mi vida,
vida mía.
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