martes, 5 de noviembre de 2013

Un anillo de humo.

En mi larga marcha a lo largo de la muralla china, a veces entreveo un anillo de humo desde el otro lado.

La ilusión y el desespero se cogen de la mano y me acompañan otro poco. ¿Señal de humo o cigarro de transeúnte sin relación? ¿Cómo saberlo?

Mis pies cansados se adelantan mutuamente a cada paso. Que el paso me acerque o me aleje de tí, está por ver.

Yo sólo puedo caminar. A veces, sentado como la gloriosa ameba, miro a la puerta.

Cada día que pasa me envejece. Cada instante que miro a esa puerta me rejuvenece.

Por todos lados, mujeres. Por todos lados, ninguna eres tú.




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