sábado, 16 de noviembre de 2013

Tigre enjaulado.

Con guitarra infantil a remendar y otra remesa de recuerdos de padre, camino a la guarida para recargar las baterías de mi móvil, y las mías.

Se avecina la hora del bolo, ocasión de levantar el ánimo y mirar a la puerta. La probabilidad de 10 elevado a -255 sube a 10 elevado a -140. Es suficiente.

Sólo necesito duende para sobrevivir. Este viejo tigre se debate en su jaula de bambú, con astillas en las encías.

Me preguntarán qué espero. Espero a ese cerebro que me enamoró sin remisión. Tú, en Versión 1.0, sin importar el número de mitosis que hayan pasado por tí, o sus historias asociadas.

El que te ama, lo hace como eres, no como el que se creen que eres, o como el que se creen que deberías ser.

He dicho.

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