Abandónate al ascenso
y descenso
de tu generoso pecho,
mi dulce niña,
al respirar en tu cama.
Siente mi beso en tus párpados,
al cerrarse.
Acurrúcate mientras mi mente
te arropa de nuevo.
Abrázate
como no puedes abrazarme,
como me abrazo yo,
por no tenerte.
Siente mis labios en tu frente,
mientras el peso del mundo
abandona tus lindas facciones,
y tu sonrisa,
ingrávida,
te persigue hasta tus sueños.
Sueña, mi vida, sueña.
Un día menos hasta que nos veamos.
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