Sigo de chiste blasfemo, enmascaro mi insomnio. Lagüela se queda intentando reanimar a su Pepe, sin mucho éxito.
Tenía más, pero es chiste de filo metálico con rebabas, fácil el malinterpretar, y cortarte. Antes me arranco el brazo izquierdo, y quemo mis guitarras. Herirte, nunca.
El chiste del loro es sólo uno entre un millón. El sonido de tu risa, aunque no pueda oírla, ilumina el mundo, vida mía.

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