sábado, 9 de noviembre de 2013

Números.

Pasado el trago del fatídico número de marras. Escribiendo al filo de la madrugada. Oficialmente, vigilia.

Hora de brujos y panarras, de gato negro, lechuza, ojos de sapo y bola de cristal. Qué lírico y gótico.

¡Qué cojones! O magufadas...

Sólo la suma consecutiva, acumulativa del segundo que se va. Sólo éso. Otro segundo.

Otro segundo de dar vueltas a la noria, con las orejeras puestas cuando pensábamos ser libres.

Otro segundo de ver el mundo en una foto, de pintarlo con palabras que no se dicen y de imaginar.

Imaginar el arrecife, con su miríada de peces de los que la mayoría conozco en otros idiomas, red snapper, capitain, pez elefante...

Imaginar las cuevas de Sierra Morena, do refugiarme contigo... cambio de tema.

Imaginar el espejo de la Camarga francesa, donde vi al flamenco prendido de las llamas del ocaso desde la ventana de un tren.

Imaginar el mar abierto, rodeado de peces voladores.

Imaginar que rompo todos estos ciclos. Imaginar que dejo de tener que imaginar para poder verte en mis brazos.

Otro segundo pasa. Y yo con él.

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