Mi nervio, nada vago, se inserta en tu surco interhemisférico, buscando besar tus ganglios basales.
Mi lóbulo occipital se baña en las imágenes de tí, transmitidas por mi nervio óptico, mientras acaricio tus lóbulos temporales con el barítono de mi voz, glorioso 69 de cortezas cerebrales.
Y culminar en una eyaculación de iones de Ca+ en nuestra placa motora, que te disuelva en espasmos de placer.
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