Amanece diferente. Yo también.
Sin embargo, a pesar de la entropía, de vectores de rotación y traslación, asumimos el ser éste el mismo planeta girando en torno al mismo sol.
A pesar de que miles de mis células perecieron y otras, cada vez más lentamente, vinieron a reemplazarlas; a pesar de que mi corazón usó una fracción de la cuerda que le queda hasta que se pare, asumo ser el mismo.
Las personas que conocí (que conozco) de nuestra aldea han sido completamente reemplazadas gracias a las mitosis de más de siete años. Algunos van por la tercera edición. Por ejemplo, Pepe Versión 3.0.
Y, sin embargo, a efectos prácticos, somos los mismos. Zipi y Zape (¡PEDRETE!) se reconocen, con tanta tropelía en común.
Ése es el poder del redondeo matemático combinado con la memoria. La identidad.
Aún sin ser tú y yo los mismos que se abrazaron aquella noche de verano, lo somos. Lo seremos.
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