En cada foto, cada hoja que cae, cada ave rumbo al sur, cada erizo en busca de refugio invernal, te veo. Obsesionado sin negarlo y sin admitirlo.
Monto haiku en la foto. Cada uno, una pieza del mi rompecabezas neurótico incompleto.
Las sílabas se suceden sin fin a la vista, como la onda en mar abierto que busca el rompiente.
Imágenes que vienen y van, sueños sin esperanzas. Me cansé de oraciones inanes hace veinticinco años ya. Y, empero, espero; no por decisión, sino por inclinación.
Las maldiciones, me las reservo. Las personas que las merecen no merecen una letra mía.
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