'¿Y si hay otro leopardo en el prado, y no es mi amigo?'
'¿Qué pasaría con mi cabritillo?'
'Peor aún, ¿y si es el mismo, pero me ha olvidado? Un leopardo es, al fin y al cabo, un leopardo.'
Sumida en la duda, la cabra pospuso tomar una decisión. Era consciente que el no decidirse era un tipo de decisión, la de los acontecimientos.
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Recostado en la hierba, Leopoldo meditaba.
La visión periférica de esos ojos de avellana líquida habían cambiado su forma de mirar las cimas. Maldecía las manchas de su piel, sus garras y dientes, sus orejas triangulares, su misma esencia de leopardo enamorado de la cabra.
¿Qué la retenía?
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