Libre de ataduras de familia. Algunas, arrancadas. Otras, tras pensar ser partes de mí, negadas por la traición y arrojadas a precipicio que me observa, ávido por mis huesos.
Cruel, quizás loco se me llame. Sigo trotando, gritando a voz en cuello. Jugué a ser mejor hombre y peor escritor que Bukowski.
Ya ni siquiera éso. Aunque siga sin llegar a sus extremos, acabé entendiendo, incapaz de culparle.
Sólo una cosa me impide ser misógino, pero me es arrebatada también.
El Cuervo de Poe se ríe también de mí. Y quién no. Me río yo, pero éso no es nuevo.
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