lunes, 25 de noviembre de 2013

Despierto.

En mesólogo que es epílogo de sueño, despierto a las horas en las que solía regresar tras la juerga. La lágrima brota libre, despierta (junto con mi erección) antes de hacerlo yo.

Llego a la conclusión inevitable en medio de mi sueño, te importo una mierda. No exactamente, peor aún, te doy pena. Y por éso no te acercas ni a decir hola.

Cómo quisiera odiarte, dejar de esperarte, cómo me odio a mí mismo por no poder hacerlo. Cómo lo odio casi todo. Casi.

Cómo.

¿Cómo dejo de amarte?

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