Con el bajo funk en las neuronas y los platos de charles con escobillas, mis pies marcan su habitual 2/4 al bajar la colina.
Mis pulgares se estremecen en el contacto de la vítrea pantalla que me separa de y me acerca a tí.
Rítmico, ataco el pavimento con mis talones, sin piedad. Y si me muestro inmisericorde para con el suelo que me sostiene, lo soy mucho más conmigo mismo.
Gajes del oficio de hombre decente.
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