En compás de esperas que rehusa delinear el círculo y devolverme a tí, atrapado en la centrífuga de la espiral en mis rieles de ferrocarril desbocado.
Sobrevivo.
La larga noche bajo el sol de otoño se eterniza, mientras mis pulgares se rebelan, fatigados. Busco la luz, por supuesto.
Por supuesto.
Recuerdo el tono de mi última misiva a tí, que recibiste. Quién sabe cómo, si la respuesta no me llegó.
Quién sabe.
Sé lo que necesito saber. Sé que necesito saber de tí. Sé que de un modo u otro sabré.
O no.
De un modo u otro, vivo en mi espera de que tu cerebro venga un día a verme. Tráete el resto de tí, por favor.
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