El sol se ceba en la plomiza nube, enfriando mis bosques flamígeros de otoño.
El hielo se insinúa en la ráfaga del Ártico, como dedos que buscan mi médula ósea.
La sonrisa y la lágrima, quedas, bailan juntas en el prado donde el leopardo pace, donde la cabra no puede aún llegar.
Con el invierno en puertas, vivo y revivo mi verano.
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