viernes, 1 de noviembre de 2013

De paseo, soneto der barrio.

Poseido de una extraña euforia sin fundamento, pateo las calles del pueblo. La vieja pregunta que solía hacerme a diario, elevada al cubo en los findes: "¿Quién sabe?"

Me sorprendo a veces pensando en ecos del otrora mi pueblo junto al río Betis, metros de Gustavo Adolfo, rimas de Quevedo y gramática del viejo barrio se conjugan como dos amantes en su versión particular del cielo.

Moviendo er niño fisha,
de bureo, furulo.
No me rayo o me angulo,
manque me llamen: "¡Pisha!"

Me fui a tomá porculo,
soez mi verso en disha.
Por perecer, espisha
con un gran disimulo.

Ni limoná ni shisha.
Aunque sea argo mulo,
no derroto la bisha.

De bisioso, me anulo.
Esperando a mi kiyya,
noshe de bolo y bulo.

Enque me cambió er ship, complicao er retonno ar léxico común. Sin mala jidea, leshe o uva, lo suerto tar como viene.

Así sus fumeis tres bellota a mi salú, que pa éso é vienne.

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