sábado, 2 de noviembre de 2013

Corresponsal de bolos.

Semiderrotado en las calles desiertas. Camino en paso de adagio, mientras mi pecho late en presto allegro.

Serán imaginaciones mías, ilusiones sin fundamento, pero es cuando te siento más cerca de mí. Siempre recuerdo la percusión ausente de aquel primer y último bolo que tuvimos.

De aquel bolo que casi fue.

De tantos por venir. Sin querer ser ameba, es mi estrategia de supervivencia; encontrar una fuente fiable de música de calidad.

Eso, al menos, lo tengo. Me inspiro y salgo rabiando por echarle mano a la guitarra.

Miento. Salgo rabiando por echarte mano a tí. La guitarra intenta consolar mis manos y la opresión del pecho, origen de tanto chiste.

Lanzo cartas al vacío, que en el vacío estoy aprendiendo a hacerme la cama.

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