El frío hace su aparición por las calles y colinas de mi pueblo. A lomos de viento y auxiliado por el agua, se lanza al asalto de mi médula.
Heroico, me aventuro, como todos. El calor que acumulé bajo mi edredón, despojado de mí, disipado. Como los sueños que atesoro bajo el mismo edredón.
Una luna de hueso preside mi regreso, la misma que te alumbra. Luna cruel de otoño inglés, tan igual y tan distinta a las lunas de agosto de nuestras adolescencias de sangre hirviente.
Acabado el día, atesoro, acumulo, abrigo, afianzo una nueva remesa de sueños que me mantengan más allá del anunciado orto, hasta el siguiente ocaso.
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