Odios al macho que persigue la subyugación, y que marca el estereotipo de mi condición de haber nacido varón; por consiguiente, reo en potencia.
Odios al que justifica el odio, la violencia y el abuso, mientras proceda de fuentes aprobadas.
Odios al estigma y la calumnia, al informe falso y el perjurio. Al/la que persigue la autojustificación a costa del sufrimiento ajeno del inocente, sólo porque se puede.
Odios a la doble moral, que hace a unas más iguales que a otros.
Odios a los que dañan a los débiles que dicen proteger, cuando lo único que protegen son sus propios intereses, reputaciones y creencias desfasadas.
Odios a mi libertad vigilada bajo estigmas basados en la incomprensión, fruto de mis excepciones.
Odios a la puerta cerrada, el cristal antibalas, a la milla y el kilómetro. A la hora, el minuto y el segundo que paso sin mis luces.
Odios que me hacen desear tener los rayos de Zeus, el martillo de Tor, las garras, fauces y alas de Quetzalcoatl, y el caballo de ocho patas de Odín.
No hay comentarios:
Publicar un comentario