martes, 22 de octubre de 2013

Odios.

Cegado por odios diversos que se me infligen. Que, en sus avalanchas imparables, amenazan engullirme.

Odios al macho que persigue la subyugación, y que marca el estereotipo de mi condición de haber nacido varón; por consiguiente, reo en potencia.

Odios al que justifica el odio, la violencia y el abuso, mientras proceda de fuentes aprobadas.

Odios al estigma y la calumnia, al informe falso y el perjurio. Al/la que persigue la autojustificación a costa del sufrimiento ajeno del inocente, sólo porque se puede.

Odios a la doble moral, que hace a unas más iguales que a otros.

Odios a los que dañan a los débiles que dicen proteger, cuando lo único que protegen son sus propios intereses, reputaciones y creencias desfasadas.

Odios a mi libertad vigilada bajo estigmas basados en la incomprensión, fruto de mis excepciones.

Odios a la puerta cerrada, el cristal antibalas, a la milla y el kilómetro. A la hora, el minuto y el segundo que paso sin mis luces.

Odios que me hacen desear tener los rayos de Zeus, el martillo de Tor, las garras, fauces y alas de Quetzalcoatl, y el caballo de ocho patas de Odín.

No hay comentarios:

Publicar un comentario