viernes, 11 de octubre de 2013

Mursiégalo.

En mis vigilias,
con telecomerciales por compaña.
Ruego al ciclón
que deje de soplar en mi contra,
que me arranca lágrimas de los ojos.

Mis alas, plegadas.
Te veo junto al molino de agua,
como si fuera hace cinco minutos.

Te llamo y te llamo,
contra la cortina de acero me estrello.

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