domingo, 27 de octubre de 2013

Mi duende, hechizado por el tuyo.

Breve intervalo de esperanza donde, en mi mente, nuestras burbujas, esas celdas no contiguas, se aproximan. O, al menos, parecen hacerlo.

Es tan fácil imaginarte entrando por la puerta...

Pero no. Sospecho que no llegarás. Teorizo que, o finalmente econtraste ese camino que ansiabas, o tomaste alguna otra decisión. Igual el zorro y el acebo cuidan de tí.

Quién sabe. Ahí duele. Quién sabe...

El no saber.

Creíme poeta libre y debo ajustar no sólo el verbo escrito, sino cada suspiro y paso caminado a la brutal métrica que marca el soneto de mi vida.

Y, sin embargo, el verano que partió, sigue tan vivo en mí como aquella tarde de julio. Seguiré frente a esa puerta, esperando.

Como te esperé, sin saberlo, durante cuatro décadas.


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