De retazos de sonrisa ajena y aspavientos truncados construyo mis castillos en el aire.
De una lata de sardinas y un sobre de sopa instantánea construyo las catapultas con las que lanzo mis ideas.
De un gemido en la memoria y el grito que aún resuena, se construyen mis pesadillas.
De ojos aterrados, extorsión y el muro de silencio se alimenta mi odio.
De la sangre que recorre mi cuerpo y los impulsos en mis axones; de los dedos desbocados en la cuerda, el verso y la autonegación, mi amor.
De la constancia propia, la incertidumbre y la mendacidad que me rodea, mi vida.
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