Mañanas que se suceden como filas de prisioneros camino a la cámara de gas.
Nubes de secretos a voces, traición y habladurías que ocultan las estrellas de mi firmamento.
Por faltar a la promesa, hasta el viento deja de soplar contra todo pronóstico.
Defibrilo mi cansado corazón con la batería de Lars Ulrich, mi cordura en la cuerda floja del Evangelio Pentatónico de Hammett.
Las horas pasan, yo no.
Mis ojos, cerrados, buscan salidas al viejo problema de ajedrez: "alfil da jaque mate en cuatro movimientos."
Los movimientos de mis estaciones apócrifas de Vivaldi.
Adagio - Primavera.
Allegro Andante - Verano.
Presto Mendace - Otoño.
Vivace Occidante - Invierno.
Mi concerto se desarrolla sin gloria ni pena, mientras pienso en la siguiente historia.
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