lunes, 28 de octubre de 2013

Cruces, Sección III, capítulo 21.

Se hallaban ya en el promontorio coronado de almenas que llevaban siguiendo desde ayer por la mañana. Niebla.

Las mulas andariegas y sus humanas cargas entraron en la Villa, ascendiendo en zigzag por las calles polvorientas.

Txtl olía romero y lavanda, además de la mula y la humanidad concentrada. El olor a salitre que, de corriente, pasaba desapercibido, entró a formar parte de su lista de ausencias.

Al final de la escalada, una versión minúscula del Castillo que viera en Lisboa.

Al acercarse al portón abierto, Fray Jordi interpeló al mocetón que, con una alabarda, se hallaba allí apostado.

 -"¡Sayón! ¡Llama a tu sargento de armas antes de que pierda la paciencia! Tengo cédula de Nuestra Señora Isabel, quien me encomienda a tu Capitán, el Conde Juan Alonso Pérez de Guzmán y de Ribera."

Al ver el parche de pergamino con el sello, el mozo desapareció corriendo, regresando al poco con un aguerrido barbudo, espada al cinto y jubón de cuero sobre la cota de mallas.

 -"Fray Jordi, al fin arribais. Permitidme daos la bienvenida a vos y a Fray Manuel en nombre de mi Capitán, el Conde Juan Alonso. Dejad las mulas con el guarda y entrad en ésta vuestra posada. Os mostraré vuestros aposentos viciosos do yacer, y a la tabla do yantar."

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