Sentado bajo el limonero en su patio sevillano, refugio seguro contra la tisis, Don Alonso se debatía en la duda.
¿Cuántos gigantes había descuartizado a lomos de Rocinante?
¿Cuántos malfechores había detenido en los caminos pedregosos de la Sierra Morena?
¿Cuántos versos de amor cantados a Dulcinea mientras velaba sus armas?
¿Cómo andará Sancho, gobernando su ínsula?
Un quedo paso le despertó de sus ensoñaciones. Un leve toque en el hombro, dislocado tantas veces por el manejo de la lanza:
-"Es la hora del yantar, mi señor Don Alonso."
Don Alonso Quijano, hidalgo "de adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor", se aprestó a seguir los pasos de Dulcinea, una vez más.
http://notasdefrancotiradorlemur.blogspot.co.uk/2013/10/el-retiro-de-don-quijote.html?m=1
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