Como ejercicio, genial. Permite la activación de músculos del tren superior, promueve buena postura, ejercita los abdominales por la acción recíproca brazo/pierna, la cantidad de grupos musculares agonistas promueve la resistencia aeróbica, etc.
Lo que no tuve en cuenta, el asalto a los ojos. Prados con vacas, ovejas o caballos. Campos de trigo en flor (principios de verano), fauna salvaje de todo tipo. Terrestre, fluvial y aérea.
Tras dos recorridos largos por la campiña inglesa, desistí de los paisajes escénicos. Demasiada ausencia. La falta de alguien con quien compartir arruinaba la experiencia de la expedición.
Decidí incorporar la marcha a mi rutina. Cada día, bajaba al centro del pueblo, dos veces. Cosas que uno debe hacer. Pronto me di cuenta de que parecía (o era) un peatón turbopropulsado por un cohete en el culo, de como adelantaba a mis compañeros de acera un tanto más pedestres. Era incómodo ser peatón de carreras.
Poco a poco, la combinación de factores hizo que aparcara mis bastones en mi sala de estar, testigos mudos de un tiempo en que estaba bastante menos solo, y que me urgen a tomar la larga senda de que habló Tolkien, la que empieza en la puerta de casa.
Para colmo, se prevé el eclipse penumbral que sólo seré capaz de compartir a través de la foto. Lo que daría por verlo con tu mano en la mía.
Raúl Pinto Ocaña, Francotirador Lémur.
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