Que la experiencia de aquella noche en que tú aportabas la imagen (y tu selección de ritmos de jazz), persiste; yo eyaculaba en hexadecasílabos pareados de hip hop. Fue, en realidad, anoche. Y esta noche. Y mañana...
Una vez abiertos los ojos, sería de necio cerrarlos. Rompiste tantas barreras en mí, que ahora sólo busco nuevas fronteras que pulverizar.
A tu cuerpo escultural, no dedico versos, que sé que aún sería mi oasis cuando estemos arrugados, aparentemente derrotados por la edad y las luchas.
Mis cinceles siguen atacando la piedra de las ideas sin formar, esculpiendo gotas de rocío que sean dignas de mis memorias y ensueños.
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