Pisando las calles empedradas de Lisboa, los ojos de Txtl no sabían donde detenerse. Una multitud de gente (y olores) sin precedente para él.
El hedor combinado del excremento de personas y animales asaltaban su nariz. Cientos de cuerpos sin lavar, restos de basura por las calles...
Perros, mulas, caballos, asnos, cabras...Todos, animales desconocidos para Txtl.
Presidiéndolo todo, una monstruosidad de piedra en lo alto de un monte, que parecía cuadrado y redondo a la vez. El Castillo de San Jorge.
Una guantada en la nuca le hizo mirar al suelo de nuevo.
-"Manuel, o te comportas de acuerdo a tu estación, o te hago despellejar, perro", le susurró Fray Jordi; "recuerda, ojos al suelo si esperas la gloria del cielo, novicio."
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