domingo, 20 de octubre de 2013

Cruces. Prólogo/Sección I.

Prólogo.

Querid@ Lector/a,

Como parte de mi educación primaria en España, se repitió el mito de que "descubrimos" América para llevarles nuestra lengua, nuestra cultura y nuestra religión. Punto de vista condescendiente y paternalista, imperialista.

La pregunta es, ¿cómo vio el nativo americano la llegada del europeo? ¿cómo fue ese descubrimiento?

De nuevo, busco refugio en la prosa de ficción. Esta vez, buscaré mi respuesta a esa pregunta. Estoy en periodo de investigación de la historia que insiste en contarse a sí misma.

Querid@ lector/a, espero que disfrutes de este viaje que estamos a punto de emprender juntos.

Raúl Pinto Ocaña, Francotirador Lémur.

I.

Capítulo 1.


Txtl resurgió del agua somera del arrecife para tomar aire. Entregó un saco de ostras al remero, quien le dio uno vacío. A sumergirse de nuevo.

Al reemerger cinco minutos más tarde:

  -"¿Qué es éso en la distancia?"

 -"No sé, Txtl, pero no me voy a quedar a saber qué es. Sube y nos vamos.

En la distancia, creciendo imperceptiblemente, cuadrados vibrando en el viento.

Capítulo 2.


Para cuando llegaron a la playa desierta, los cuadrados se hallaban más cerca. Eran tres canoas de dimensiones monstruosas. Formas como de hombre se agitaban sobre ellas.

Grandes canoas bajaron desde los lados de los monstruos. Criaturas de cabezas y pechos relucientes a bordo.

Pronto, la playa estaba llena de ellos.

Capítulo 3.


Txtl se hallaba abrumado frente a los demonios que ocupaban la playa. Parecían hombres, de barba larga bajo sus brillantes atuendos.

Uno de ellos, el único que no tenía barba, plantó una vara con un trapo en la playa, gritando al viento ladridos ensordecedores.

En el trapo, otras dos líneas cruzadas.

Mientras miraba ensimismado, recias manos le agarraron por la espalda.


Capítulo 4.


Despertó con el trueno de sus latidos en la sien donde le golpearon. Estaba atado con dos brazaletes brillantes, sujeto al suelo de madera.

Estaba en un aposento oscuro, todo de madera. Al principio le echó la culpa a la contusión, hasta que reconoció el familiar vaivén del mar debajo de sí.

Ruido de animales en la sombra, ojos brillantes y colas pelonas.

Txtl se irguió y se puso a pensar sus opciones.


Capítulo 5.


Txtl se hallaba de nuevo entre los cocoteros. Estaba pelando un coco para Lutxe, que le regalaba otra de sus sonrisas.

Sobre sus pechos desnudos, una sarta de perlas negras del arrecife...

Un movimiento brusco le sobresaltó de su sueño. Se estaban moviendo.

Txtl se debatió contra sus cadenas, gritando el nombre de su amada. Sus muñecas y tobillos, sangrando.

Uno de los hombres barbados entró por la portezuela por donde entraba la poca luz del sol. Llevaba un látigo.

 -"¡Maldito pagano, calla esa algarabía demoníaca de una vez!"

El látigo comenzó a caer sobre su forma indefensa. Apiadado de Txtl, su sentido le abandonó, y quedó inconsciente tras el latigazo número catorce.

Capítulo 6.


El súbito frío del agua y la picazón del salitre en las heridas devolvió a Txtl a su oscura realidad de preso. Rudas manos lo zarandeaban. Al fondo, gritos incomprensibles.

Txtl vio otro barbado cubierto como de una camisa negra que le llegaba hasta los pies. Del cuello, colgaban otras dos líneas entrecruzadas. Gritaba al barbado que le azotó.

 -"¿Y qué crees tú que le vamos a decir al Almirante si el preso se nos muere? Es la única forma de conocer a los indios para la próxima expedición. ¿Quieres acabar colgado?"

El primer barbado agachó la cabeza como a un niño que estaba siendo reprendido.

El barbado de la camisa se acercó. Apuntó a su pecho y dijo: "Fray Jordi", para apuntar al pecho de Txtl a continuación. A la tercera vez de repetir el gesto, la respuesta fue: "Txtl".

 -"Eso no es nombre entre cristianos, suena a judío."

El barbado apuntó de nuevo a su pecho, dijo: "Fray Jordi". Apuntando al pecho de Txtl, dijo "Manuel".

Capítulo 7.


Aún maniatado, Txtl subió la escalera hacia la escotilla.

El sol asaltó sus ojos sin piedad. Sin tiempo para reponerse, fue arrastrado por sus cadenas a través de la cubierta. Se encontró cara a cara con Fray Jordi.

 -"Manuel, hoy hacemos un cristiano en condiciones de tí, leal a la Corona de Castilla. ¡Esos cubos!"

Sin previo aviso, los marinos arrojaron cubos de agua de mar sobre Txtl. Estoico, se mantuvo erguido, con los ojos cerrados. Demostrando el arrojo de un guerrero Caribe.

Acabado el proceso, Fray Jordi abrió un objeto cuadrado, se puso a gritar, cantando a veces.

Una vez, seco del sol, le agarró por los pelos, doblándole hacía adelante. Vertió un cazo de agua sobre su pelo, aún húmedo.

 -"Por la Gracia de Dios, Nuestro Señor Jesucristo y el Espíritu Santo, te bautizo, Indio Manuel, y te recibo en el seno de la Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana."

Acto seguido, se le desesposó,se le dio una camisa que otrora fuera blanca, unas calzas sucias y una cuerda como cinturón. Txtl intentó copiar los gestos de Fray Jordi para vestirse, frente a la hilaridad generalizada de la marinería.

Una vez vestido, se le hizo arrodillarse frente a un trapo que colgaba de un bastón sostenido por el demonio barbilampiño. Ya no se reía nadie.

Capítulo 8.


Los días pasaban en la monotonía de la travesía. Txtl (Manuel) se pasaba las mañanas refregando la cubierta del buque, y sacándose astillas de las manos.

Combatiendo el deseo de saltar por la borda. Otro día, una nueva esperanza de volver a ver su isla. El arrecife. Lutxe.

Solía ser llamado a almorzar con Fray Jordi, que se había propuesto enseñarle a "hablar en cristiano". Dos horas después de almorzar, cada día, Txtl intentaba explicar cómo era su vida. El buceo de la perla atraía al clérigo con tres papadas.

Los marinos también se habían propuesto a enseñarle, pero éstos parecían bastante menos cristianos. Txtl aprendió canciones de nostalgia, y de mujer, o mujeres. De chistes de la castidad de acero de Isabel. Y del martillo fofo de Fernando.

Capítulo 9.


 -"Fray Jordi, ¿cuándo volveré a mi isla?"

Con el ceño fruncido, la mirada de Fray Jordi tornó de ser cálida a glacial. Era como tener un interlocutor diferente, con el mismo cuerpo.

 -"¡Ingrato! La Reina Isabel, a través de mi persona, te da la oportunidad de vivir como un cristiano decente, ¿y aún cuestionas tu buena fortuna, Manuel?"

Aterrorizado, Txtl optó por callar. No entendía la "buena fortuna" de que hablaba el fraile. El no saber de Lutxe era una lanzada contínua en su pecho.

 -"Estás pensando en esa salvajita, ¿no? Ya te ha olvidado, no te necesita. Seguro que ya ha encontrado a otro, esas salvajitas no tienen remilgos."

En su fuero interno, Txtl se dio cuenta de que parte (y sólo parte) de lo que dijo el fraile era verdad.

Era, precisamente porque no se necesitaban que se querían. Era por éso que resolvió sobrevivir como única esperanza de reencuentro.

Capítulo 10.


La espuma del mar embravecido azotaba a los marineros en cubierta sin misericordia. La carabela se hallaba sola frente a su destino.

Las grandes velas cuadradas se hallaban plegadas o desgarradas. Txtl, como todos los otros, se afanaba en amarrar todo lo que estuviese suelto.

Una ola de través arrastró un marinero por la borda. Sin pensarlo, Txtl se amarró a un cabo y le siguió hacia el abismo de agua.

Capítulo 11.


Rengueante, de vela despiezada, la Niña llegó a las Azores. El viento gélido de Febrero se colaba por todas partes.

Txtl se hallaba confinado (y refugiado del frío) en el camarote de Fray Jordi.

 -"Fray Jordi, ¿Por qué no puedo salir?"

 -"Maldito hábito pagano de preguntarlo todo. Deberías aprender a callar y obedecer como cristiano esforzado que eres. Siendo tu Maese, debo responder."

  -"Estamos en tierras del rey de Portugal, que inició la carrera a la India. Nuestra Señora Isabel de Castilla acaba de reclamar gran parte de las Islas. Cuánto menos le llegue al rey de Portugal, mejor. Debes esconderte."

 -"El rey de Portugal, ¿acaso no es cristiano también?", preguntó Txtl.

 -"Mejor no meterse en asuntos de reyes, que pierdes la cabeza. Como sabes, no somos los primeros en llegar a la India. Por éso no deben verte."

  -"Yo nunca vi otras naos que éstas. Mi pueblo es marinero, nunca oímos de otros cristianos."

 -"Y ahora, con la manía pagana de discutirlo todo. Ándate con cuidado, que saco la vara. ¡Ea! ¡A dormir!"

Capítulo 12.


El Atlántico se cebó de nuevo con la pequeña carabela. A pesar de las protestas de Fray Jordi, el Almirante insistió en que Txtl se quedara en cubierta.

Su hazaña de rescate en la anterior tempestad le hacía demasiado valioso como para tenerlo refugiado. Los marinos, al verlo en cubierta con un cabo largo y ojos en todas partes, podían permitirse un respiro de alivio en el caos de la tormenta.

A pesar de sus esfuerzos, se perdió un marino, de los tres que cayeron por la borda.

La mañana trajo una mar picada que, aunque más o menos normal, no permitía olvidar los horrores de la noche pasada. El Almirante incluso había prometido peregrinar al monasterio de Santa Clara si La Niña sobrevivía la tempestad.

Los marineros cantaban sus canciones soeces, esperanzados por el inminente regreso. Txtl era el único silente, mirando desde la popa del buque. Cada día de viaje rumbo al sol naciente aumentaba su separación de Lutxe.

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