Con el filo de la navaja
como pista de baile.
Me balanceo en ramas podridas,
que desean librarse de mi peso.
El maníaco sifaka sigue brincando,
de árbol a árbol,
rodeado de cascada de hojas,
con tu nombre en ellas.
Quisiera ser tu fuerza cuando desfalleces,
para devolverte el favor.
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