Tod@s usamos la imagen indirecta en la expresión. Llámese metáfora, metonimia, hipérbole, sarcasmo, símil o lo que sea. Buscamos dar vida a la palabra en el papel o la pantalla.
Hay veces que desnudamos la palabra de toda máscara. Se escribe directo y al grano. Y es necesario, a menudo.
Cuando pinto con letras, busco evocar, como tod@s. Lo que intento
transmitir cambia en cada momento.
Uso el símbolo. Una imagen que evoca otra. Aprendo a diario de otr@s, y me reconforta haber encontrado a tant@ amante de la letra escrita en redes sociales.
Hay veces que escribimos para tod@ el que se pase por la página. El símbolo se adapta a éso.
Pero como personas que somos, las imágenes que elegimos son la que nos entran a nosotros primero, y que son personales.
Por ejemplo. De niño, tuve la suerte de pasar los veranos en zona de monte donde se veían las águilas casi a diario.
Aunque use a ese animal para pintar lo que quiera hacer, tiene un significado especial para mí. Ser niño, libre, copartícipe de un secreto a voces.
Cada un@ de vosotr@s vereis el águila de una forma diferente. Busco ser capaz de conectar mi águila y la tuya, y que jueguen en el aire.
El recuerdo es compartido, o no. A menudo me encuentro con símbolos que no puedo descifrar sin conocer al/la autor/a más a fondo.
Hay muchos símbolos de los que nunca sabré su significado oculto y personal. Opto por agradecer a la persona que lo ha escrito, por compartir. Y disfrutar de mi visión personal de esa imagen.
Hay gente que pasa una vida investigando los símbolos de otr@s. Se llama filología.
La vida es demasiado corta para éso, en mi opinión.
Elige tus símbolos. Y sigue pintando.
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