domingo, 8 de septiembre de 2013

Anécdotas de escritor precoz.

A los dieciséis, creía saberlo todo. Y a quién no le pasa. Creí saber leer, que yo comencé a los dos años y medio. Verne,  Dostoyevsky, de Maupassant, Poe, London, etc.

Y descubro que no tengo NPI (abreviatura anterior a Internet).

De la mano de este profesor de instituto. Catedrático en filología, facha. Y, para más INRI, cura del Opus Dei.

Pensaba que leer entre líneas era el epítome de la inteligencia lectora. Aprendí a leer entre letras. La música del acento, y cómo destripar palabras para ver la persona que las escribió. Afilé mi bisturí, y me puse a cortar como demente. Mi abuelo Jack estaría muy orgulloso de mí.

Tras la experiencia del relato corto, me refugié en el verso. Recuerdo que nos quedábamos después de clase a analizar mis líneas. Debo aclarar que nunca me metió mano. Ya tenía pelo en pecho, y a ellos les van más jovencitos.

Al año siguiente, otra profesora. Con buen corazón, pero sin la agudeza intelectual. Llamó a quejarse a mi madre: "Su hijo es un golfo, pero debo darle un sobresaliente, ¿qué hago?" La respuesta era fácil, se la hubiera dado yo: "dame el sobresaliente y déjame que golfee lo que buenamente quiera, o pueda."

El problema, para entonces leía tan bien que había desechado el cristianismo. Adopté posturas aristotélicas un año antes de mi curso de filosofía. Era oficial. Ateo iconoclasta. Una bestia a la que cazar.

Entro en COU. El cura de nuevo. Me sonríe como solía hacerlo. Menciono que quiero entrar en la Facultad de Periodismo. De nuevo, creía que sabía.

Primer trimestre. Examen de teoría:4. Examen de comentario:4. Dos trabajos de comentario a fondo, un 4 cada uno. El hijo de su madre ni se molestó en hacer la media...

Enardecido, hice otros dos comentarios a fondo para amigos. Mi trabajo, con otro nombre, obtiene notables de un profesor que nunca da un sobresaliente.

No entré en Periodismo. Aún recuerdo la despedida con ese profesor, que a la vez me dió y me robó tanto. Algun@ de mis contactos de Facebook, seguro que se acuerda.

Omito los detalles. Tengo entendido que hay plazos de proscripción de delitos. El suyo, no proscribe.

Tengo mi venganza. Él intentó poner una lira en mi cabeza, pero tengo un bajo funk. Me enseñó las normas a seguir, y que me deleito en romper.

Aprendí a usar el símbolo y la palabra directa. Hoy, escribo. Él, si no anda bajo tierra, no creo que le quede mucho.

Raúl Pinto Ocaña, Francotirador Lémur.



No hay comentarios:

Publicar un comentario