Hace no mucho, escribí un breve ensayo de opinión sobre el movimiento de la Novela y Verso Romántico del S. XIX, y sus orígenes.
No puedo evitar ver en mi muro páginas web de "literatura" en general. Enfocadas al turista de la letra en busca de la cita fácil para pasársela a alguien, o decorar sus muros con un poco de sangre y lágrimas.
No juzgo, que también soy culpable de ese delito, si es que se puede llamar así.
Como pintor con letras, la cuestión es algo más peliaguda. El verso de amor y desamor, el encuentro y el desencuentro son partes de nuestras vidas. Por tanto, son parte de nuestras líneas cuando donamos sangre al papel. Esa parte de mí seguirá sangrando.
Pero el ser humano es complejo, mucho más que la suma de sus partes.
Es fácil, demasiado fácil ceder al aullido nocturno (y diurno) de lobo solo en su cima. Y no reniego de uno solo de mis aullidos de perro viejo.
El problema (en mi humilde opinión) aparece cuando estamos atrapad@s en un rincón. Lamiendo nuestras heridas. Sin ver salida. Y a lo mejor, es cierto. Ese callejón puede estar cerrado.
Oigo a veces que el poeta es el que habla del amor. Estoy profundamente en desacuerdo. El artista en general, o el escritor en particular pinta lo que ve. Y vemos a través de sus ojos.
Otros temas parecen relegados a un segundo plano, porque resulta difícil ver a través de la cascada de lágrimas. No dejéis que eso os lo impida.
Reivindico mi derecho a la frustración, al odio, al desagrado, al humor sexual, a todos los temas que se me pasen por delante y decida pintar.
Reivindico mi derecho y obligación de plasmar el sufrimiento ajeno en este mundo de mierda, azotado por la barbarie del rico cada vez más rico, y el pobre cada vez más hundido en la miseria.
Reivindico mi derecho al taco y la expresión soez, que son parte inalienable del idioma que amo y hablo. Y en ese orden.
Reivindico mi derecho y obligación de abrir mis ojos e interpretar el mundo a mi manera propia.
Reivindico mi derecho a la fábula infantil, la novela histórica, la crítica social, el ensayo sobre arte, o lo que se me antoje.
Y, sí, reivindico mi derecho a escribir sobre amores y desamores, presencias ausentes y ausencias presentes.
No límites el número de colores en tu paleta. El arte imita a la vida, no al revés.
Deseando a tod@s un buen fin de semana, y una buena dosis de libertad para crear.
Raúl Pinto Ocaña, Francotirador Lémur.

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