Los años de travesía por el pinsapar finalmente daban fruto. Merk, Sita y Teri se escabulleron en otra noche sin luna como aquella de años atrás.
Para cuando salió el sol, se hallaban lo suficientemente lejos como para descansar.
Sita se había estado preparando en secreto para este viaje desde que fue capaz de sacar a Teri entre los pinsapos.
Aunque joven, Teri era capaz de rastrear y cazar con arco y flechas. Como su madre, como todas sus antepasadas.
Tras tantos años en la fragua, Merk había perdido la forma que una vez tuvo. Le costaba trabajo seguir a sus mujeres.
Había perdido bastante peso y pelo. Su tez oscura había adquirido un matiz ceniciento del que culpaba a la falta de sol.
La sangre en su esputo, no lo podía atribuir a eso. Como iniciado, sabía el precio a pagar por la magia de la Sangre de Piedra.
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