Mis Manos, tiznadas de brea
al calafatear.
Un barco más,
para llevarte de la mano
a donde quieras,
a donde encuentres tierra firme,
aunque preferiría que fuese cerca de mí.
Las cosas claras.
Con cariño cepillé las tablas,
que no te hieriera alguna astilla.
Cosí velas, torcí cuerdas
con que atrapar el viento,
contra el que
(aparentemente en vano)
soplo para alterar su curso.
Los cargo
con mil botellas de mensaje,
tapadas del corcho
del que no estoy hecho,
y del que finjí ser.
Marea alta de luna,
y zarpa orgulloso,
rumbo a la boca de la bahía.
Una chispa a bordo,
los destellos de mi bote,
el espectáculo sobrecogedor
del funeral vikingo de nuevo.
Yo no pongo cerillas en mis botes.
Mi formón me llama,
a morder la madera con cariño,
y liberar la estatua del bloque,
ésa que Aristóteles entrevió.
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