martes, 3 de septiembre de 2013

Homo erectus. Soliloquio matutino.

Andaba perdido en mis dulces sueños de hombre solo aquella mañana. Escucho una voz que grita desde debajo del edredón:

-"¡KIYOOOOO!

Bajé la mirada y me encogí de hombros. Es que los hay que no saben qué hacer con tal de llamar la atención... Me dió por responder:

-"Ey, pisha, ¿qué haces?"
-"¿Qué gggño te crees que hago? ¿Te crees que ando aquí de acampada de cohone, o qué?
-"Relájate, pisha. Te va a dar un telele."
-"¡Lo que me va a dá é un infarto cerebral, Juan Cojone! ¿O te crees que ando embrutesío de hacer aeróbic? Anda, levántate tú también y tira pal váter."

Obedecí el consejo de mi viejo compañero de armas, cargué heróicamente hacia el servicio. Una vez allí, la historia de siempre...

-"Pisha, mira un poco pabajo, que no acertamos hoy."
-"Déjate de murga y da tres pasos atrás, pie derecho palante, calculando la cotangente de e, la fuerza de la presión, la dirección del viento..."
-"¿Qué viento ni qué cohone, pisha?"
-"¡Ofú! ¿No tas dao cuenta que te dejaste el extractor puesto anoche? No la cagues de nuevo, que ya le dimos en el ojo a la foto de la abuela el otro día."

Debo admitir la satisfacción de haber cumplido con mi objetivo un día más. El retrato de la abuela sigue impertérrito, colgado junto al techo.

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