El Ártico se agazapa en esta cálida tarde .
Emana de mí.
Hojas de álamo blanco y olmo,
ignorantes de la estación,
siguen verdes;
la savia sangra.
Ramas de olivo de mi Sierra Bética,
lo único bético
en este andaluz antibético;
de este sevillano antisevillista.
Guarnío y agilao,
Exausto y perplejo.
El otoño avanza, inexorable
de mis sienes y barbas,
de homenaje
a tres generaciones de calvos certificadas.
Y Córdoba sigue
lejana y sola.
Albas de hielo,
tardes de diente serrado,
batir de alas de la panarra,
de concierto con el monito de monte.
El sol se va a otros lares,
apresto mi abrigo,
y dos calcetines.
Uno, para mi pobre cerebro helado,
Del otro, precisamos todos.
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