jueves, 12 de septiembre de 2013

Ensayos de ateo recalcitrante II. Cartesiano inconsciente.

Comienzo ésto decepcionado, pero no sorprendido. Ningún teísta recogió el guante. No me sorprende. El concepto de la divinidad en esos términos no se sostiene. No se lo creen ni ellos.

¿Dónde me hallé tras haber descubierto la traición? El mundo, previamente ordenado, dejó de tener sentido. El Logos se demostró ser vacío, que la naturaleza aborrece.

¿Soy real, incluso? La respuesta, ya la oí antes. "Dubito, cogito, ergo sum." Si me lo pregunto y pienso en ello, debo ser real. De lo mejor de Descartes. Fue capaz de demostrar que existía.

Me aplico el método de la autodiscusión. Fue el inicio de muchos experimentos de desdoblamiento. Cuidado con intentarlo borrachos, jejeje.

Descartes, una vez que descubre que existe, se pone a plantearse si existe dios. En un enorme bucle de aforismos plagado de creacionismo, concluye que sí, y se da jaque mate a  sí mismo. En lógica proposicional:

A?;  A>B, B>C, C>D, D>A

Aunque todos usamos la autorreflexión, no podemos pretender ser objetivos con esta herramienta per se. Las dos partes del diálogo son el mismo, y se pueden cometer trampas.

Un ejemplo. Una tarde de verano en Sevilla, estudiando gambitos de ajedrez. Decidí echarme una partida conmigo mismo. Intento darme jaque mate, pero siempre me flanqueo. Contraataco, pero tampoco desemboca en jaque mate.

¿Qué pasó? Pues que es imposible separarse genuínamente de uno mismo sin ser gravemente esquizofrénico.

Siempre existe interacción entre el investigador y el sujeto estudiado, por pequeña que parezca.

Aún así, no dejes de preguntarte a tí mismo. Ahí empieza todo.

Raúl Pinto Ocaña. Francotirador Lémur.





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