Capítulo 26.
Le llevó toda la noche. Al despuntar el alba, el perro se paró delante de la puerta del bloque. Arensibia le dio una galleta y entraron.
Cuatro pisos sin ascensor. Él no estaba ya para estos trotes. Acababa de decidir jubilarse en cuanto cerrara el caso.
Llamó a la puerta. Una voz de hombre (¿había dejado a uno vivir?) respondió tras la puerta...
-"Un momento."
Quitando el seguro del arma, arensibia se aprestó.
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