Capítulo 1.
Como cada mañana, Manuel reptó para salir del cubículo que se había preparado para dormir entre el contenedor de basura industrial, y la pared trasera de la discoteca.
Era el sitio perfecto. Lo suficientemente alto para evitar mojarse. Lo suficientemente oculto para evitar ser detectado. Forrado de cartón y mantas, era lo que llamaba "hogar" hoy en día.
Un bolso de mujer llamó su atención. Abandonado, junto a otros objetos. Un vestido con sujetador dentro. Retazos desgarrados de lo que había sido un tanga. Un par de anillos de oro. Un par de tacones altos, uñas pintadas esparcidas, y una peluca mate, gris, vieja y deslustrada.
Tras embolsarse el efectivo que había en el bolso, se puso a mirar todo con más detenimiento. Estaba todo menos la mujer que, sin sus pertrechos, estaría indefensa.
Un vistazo más cercano a la peluca. Manuel reconoció el toque ligeramente graso del cabello humano. No era una peluca. Las uñas esparcidas tampoco eran falsas.
Sus gritos de horror alertaron a los vecinos, que llamaron a la policía.
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