Tremenda vergüenza, ¿yo?
Aún así...
Lanzo el barco contra las olas,
temeroso a la marea.
Noto cada defecto,
cada astilla punzante.
Miirando a las gaviotas,
que se ríen del navegante.
Tras mi periplo de tres días,
en dique seco veo tablas,
formones, gubias y seguetas.
Cunde la llamada del mar.
Me preguntan,
sin saber
que sólo tengo
un catamarán biplaza.
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