viernes, 27 de septiembre de 2013

Aprendiz entre aprendices.

Tremenda vergüenza, ¿yo?
Aún así...

Lanzo el barco contra las olas,
temeroso a la marea.

Noto cada defecto,
cada astilla punzante.
Miirando a las gaviotas,
que se ríen del navegante.

Tras mi periplo de tres días,
en dique seco veo tablas,
formones, gubias y seguetas.
Cunde la llamada del mar.

Me preguntan,
sin saber
que sólo tengo
un catamarán biplaza.

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