domingo, 25 de agosto de 2013

Regresión, o Un Pantalón.

Capítulo 1.
Prometidos.

Henry estaba disfrutando de la rara calma del ritual del café mañanero de antes de irse al trabajo. Jane, remolona por las mañanas, estaba junto a la tostadora.

La pisada pesada de Ernesto precedió su aparición en la puerta de la cocina. Una chispa extraña relampagueó en la mano derecha de Jane.

- "Pillín, así que ya encontraste las agallas de proponer. Ya estaba empezando a pensar que lo dejabas para el testamento. ¡Felicidades, colega!"
- "Es bueno pensarse las cosas dos veces. Me decidí hace ya bastante tiempo. Me preocupaba el momento oportuno. Soy el hombre más afortunado que puedas encontrar".

Ernesto se sentó junto al café mientras Jane atacaba su muesli y tostadas con su apetito de costumbre.

-"Creo que eres tú la que debe contar cómo ocurrió, Janey", dijo Henry.
-"Fue una noche agradable, pero lo que dijo... Estoy acostumbrada a las cosas que dicen los babosos de turno acerca de mis ojos mientras me miran el escote..."
-"Sigue", dijo Ernesto.
-"Henry me dijo que se enamoró de mí cuando le estaba ayudando a instalarse. El cocinó aquel día y yo repetí. Ese fue el momento, según él. Entonces se puso de rodillas y me preguntó si quería ser la comensal de honor en su restaurante durante muchos años..."
-"No sé si voy a desmayarme o vomitar. Tiene que ser lo más cursi que oí en mi vida. ¡Estás hecho un sentimental, Hank!"
-"Más vale que me apresure, o llego tarde al trabajo".

Con un beso, se desvaneció en la jornada.


Capítulo 2.
En el trabajo.

Henry no se pudo relajar dentro de su rutina de trabajo como solía hacer. Sintió la opresión familiar en el pecho al recordar la noche previa.

Aún no se creía su suerte. Dejó a Jane junto con el barrio cuando se fue a estudiar a la universidad. Después, se instaló en Leeds.

Al final, volvió tras cortar con Linda. Sus padres llevaban siete años ya quejándose de la distancia.

Y se encontró con Jane, la hermana chica de Mark. Ya no era tan chica...

Al pensarlo, el impulso cotidiano de llamarla y las mariposas del estómago hicieron coro con la opresión en el pecho.

-"¿Te encuentras bien?" Le preguntó Gwen desde el cubículo de al lado, "se te ve raro hoy".
-"Creo que estoy pillando algo. Creo que le voy a decir a Holmes que me dé de baja por hoy".
-"Pues sí, hazlo, y dile a Jane que tenga piedad de tí, ya sabes..."

Capítulo 3.
Revelación.

Con un dolor de cabeza martilleando las sienes, Henry entró en el piso. La ducha estaba puesta en el cuarto de baño.

Había algo bloqueando la puerta del dormitorio. Con una sensación de pérdida, reconoció los pantalones de Ernesto, con su hebilla de cinturón colgando. La cartera aún dentro del bolsillo trasero.

Un movimiento fuera de su campo visual le hizo girar. No era un espectro, sino la aparición de Ernesto cubierto con una toalla, que incrementó la sensación de irrealidad del momento.

"-Así que ahí los deje. Espero que no te importe, pero entré en tu cuarto para usar la loción de afeitar, ya que te funciona también. Debo irme deprisa, nos vemos, colega."

Tal como Ernesto
(pillín)
cogió los pantalones del suelo
(colega)
Henry vio los calcetines
(sentimental)
y calzoncillos
(deprisa)
caer de la pernera del pantalón.

Se sentó en la cama, estupefacto. Pensando (pillín). ¿Por qué (colega) se desvistió en (sentimental) su habitación? Debe de haber (deprisa) estado apresurado.


Capítulo 4.
Desprometidos.

Jane entró en el piso, haciendo malabares con las bolsas de la compra, las llaves y el bolso. En la cocina, Henry estaba sentado a la mesa, la expresión vacante, mirando fijamente el patrón del hule, como si estuviera a punto de obtener una revelación e iluminación súbita.

-"¿Cuánto tiempo llevas?"
-"¿Te encuentras bien, cariño? Te veo..."
-"Ernesto. Y tú. ¿Cuánto. Tiempo. LLevas. COn. ÉL?"
-"No sé a que te refieres..."
-"Déjate de tonterías. ¿Cuánto hace que mantuviste tus... opciones abiertas para Ernesto?" Se levantó de la silla con premeditación, con un brillo en el ojo casi idéntico al la piedra del anillo de pedida.


Capítulo 5.
Madre.

Julie estaba junto a la impresora, recogiendo su última hoja. El móvil vibró en el bolsillo del pantalón. Seguro que era otra llamada de publicidad. La sorpresa dio paso a la ansiedad. ¿Por qué la llamaría Jane al trabajo?

-"Dígame..."
-" VEN... HENRY... LOCO... SE VA A HACER DAÑO..."

Click.


Capítulo 6.
Cuenta atrás.

Julie vio la multitud cerca del bloque de su hijo. Aparcó y empezó a correr.

En la conmoción, una versión imposiblemente joven de Henry estaba forcejeando con Jane. Parecía mucho más delgado.

-"MÍO, ¡PERRA!, ¡DEVUÉLVEMELO, SO ZORRA!"

Con creciente horror, Julie se dió cuenta de que su hijo estaba intentando arrancar el anillo de pedida de la mano de Jane.

-"Me haces daño, ¡para!"

A cada segundo que pasaba, Henry parecía perder sustancia. La camisa le colgaba, las perneras del pantalón arrastrando por la acera. La voz aguda, gritando como si estuviera poseso.

Finalmente, ella se quitó el anillo. Ya no estaba frente a un hombre, sino a un niño de en torno a siete años. Un niño con las ropas colgando de su cuerpo de preadolescente.

-"¡Quedátelo! ¡No quiero verte en lo que me queda de vida!"


Capítulo 7.
Vuelta a empezar.

Julie se acercó al niño sentado como ausente en el bordillo de la acera, llorando con el anillo en la mano. Le puso una mano en ese hombro tan pequeño que una vez le fue tan familiar.

Un sentimiento inicial de pena fue suprimido por uno de determinación. Ella le consolaría... y él aprendería. Debía hacerlo.

-"Levántate, Henry. Qué pena. Mañana por la mañana, de vuelta al colegio."


High Wycombe, 16/07/2013 en versión en inglés:
Regression, or A Pair Of Trousers.
Traducción a castellano a cargo del autor.

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