-"¿Cómo es que atacaste a Toro totalmente solo? O eres el hombre más bravo que conozco, o bien estás loco, o eres un completo idiota."
-"Daba igual, ya perdí todo. Estaba desesperado, a pesar de estar muerto. ¿Son los otros espíritus tan curiosos como tú?"
Aquella risa libre de nuevo, llenando la choza y rebosando por la ventana y el hueco que hacía las veces de chimenea.
-"¿Quien te dijo que estás muerto? Por un buen rato, casi lo estuviste, pero te aferras bien a la vida, Merk."
-"Si no eres espíritu, ¿qué eres? ¿Quién es esta gente? ¿Cómo es que hablas en el idioma de los Marinos del Este?"
-"Todo a su tiempo. Dime, ¿quién eres y por qué estás tan convencido de ser un espíritu de viaje?"
Y Merk le contó de su infancia en la costa, de la Roca en lontananza. Del atún, de Heb, de Lut, de los Marinos del Este que venían a por cobre, del accidente de caza. De su ostracismo y funeral. Del cruce a nado...
Y Sita le contó. Su pueblo era sólo una tribu de un pueblo llamado Iber.
Guardianes de la Roca. Devotos de Toro. Granjeros. Pescadores. Mineros de malaquita. Los Marinos del Este también visitaban estas costas.
Ella era Mujer Medicina. Hija adoptada de la anterior. Dedicada a cuidar a otros. Definitivamente, no un espíritu.
Merk aún seguía protestando de su condición de espíritu. Ella le convenció de la única forma que supo. Puso la manta a un lado y le mostró una mujer de carne y hueso.
Y le demostró que él también lo era.
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