En la era de la explotación industrial de la letra, las palabras "romance" y "romántico" se han desvirtuado, hasta el punto de expresar una sensiblería rosa de producción en cadena.
El Romance era la expresión poética del pueblo en los nuevos idiomas que dejaron paso a la caída del Imperio Romano.
Era canción popular del Méster de Juglaría, en contraposición al Méster de Clerecía, centrado en la adoctrinación religiosa.
El Méster de Juglaría era la versión medieval de la televisión, verso cantado en la plaza del mercado y la sala de banquetes. Una de sus primeras formas en castellano es el Cantar de Mío Cid.
En el S. XIX, como reacción a la brutalidad de la Revolución Industrial y las crisis sociales de la Ilustración y el Despotismo Ilustrado, surge el movimiento de la novela y el verso romántico.
La letra se vuelve intimista. La expresión, la de los sentimientos más fuertes, y no sólo de amor apasionado. Los temas de la muerte, el horror sobrenatural, viajes exóticos y la lucha en solitario contra la vicisitud son Romanticismo en estado puro.
Para mí, la novela y verso romántico se funden en dos autores: Edgar Allan Poe y Gustavo Adolfo Bécquer.
Siendo sevillano, me crié con mi copia de Rimas y Leyendas. Soy parcial, y no lo niego.
El epítome de la prosa romántica en castellano es "El monte de las ánimas". El horror contemporáneo no le llega a Bécquer al filo de las calzas.
Del verso, hay muchos ejemplos. Como muchos otros autores de la época, el motivo en común es la rima asonante o consonante en los versos pares.
La métrica usada por Bécquer suelen ser estanzas de cuatro versos, los tres primeros son sáficos, el cuarto es otro impar. Normalmente, un heptasilábico.
Así que, si me preguntáis si soy poeta romántico, os diría que la respuesta es sí, en parte.
Era canción popular del Méster de Juglaría, en contraposición al Méster de Clerecía, centrado en la adoctrinación religiosa.
El Méster de Juglaría era la versión medieval de la televisión, verso cantado en la plaza del mercado y la sala de banquetes. Una de sus primeras formas en castellano es el Cantar de Mío Cid.
En el S. XIX, como reacción a la brutalidad de la Revolución Industrial y las crisis sociales de la Ilustración y el Despotismo Ilustrado, surge el movimiento de la novela y el verso romántico.
La letra se vuelve intimista. La expresión, la de los sentimientos más fuertes, y no sólo de amor apasionado. Los temas de la muerte, el horror sobrenatural, viajes exóticos y la lucha en solitario contra la vicisitud son Romanticismo en estado puro.
Para mí, la novela y verso romántico se funden en dos autores: Edgar Allan Poe y Gustavo Adolfo Bécquer.
Siendo sevillano, me crié con mi copia de Rimas y Leyendas. Soy parcial, y no lo niego.
El epítome de la prosa romántica en castellano es "El monte de las ánimas". El horror contemporáneo no le llega a Bécquer al filo de las calzas.
Del verso, hay muchos ejemplos. Como muchos otros autores de la época, el motivo en común es la rima asonante o consonante en los versos pares.
La métrica usada por Bécquer suelen ser estanzas de cuatro versos, los tres primeros son sáficos, el cuarto es otro impar. Normalmente, un heptasilábico.
Así que, si me preguntáis si soy poeta romántico, os diría que la respuesta es sí, en parte.

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