Merk trabajaba una vejiga de oveja junto al fuego. Una vez curada, había introducido una válvula trasera. La entrada, fijada a unillo de vértebra. Parecía odre, sin serlo.
Había discutido con Sita acerca de la sustancia mágica. Cobre. Aunque inicialmente inverosímil, Sita había descubierto que la mente de Merk era aún más poderosa que su físico.
Sita comprendió por qué los Marinos del Este guardaban el secreto de la Sangre de Roca tan celosamente. Había pedido a Merk que guardara el secreto, por ahora.
Cojeando con su bastón por el pueblo, Merk empezó a acumular madera. Tras la pregunta inquieta del Jefe, Sita explicó que era para un rito de sanación colectiva. No hubo más preguntas.
Cuando tuvo un cúmulo de madera del tamaño de tres chozas juntas, Sita reclutó la ayuda de varios granjeros. Merk estaba listo.
Encendiendo un fuego en la pila, los granjeros procedieron a cubrir las llamas con tierra. Merk, frenético, abría agujeros en el túmulo.
Tres semanas más tarde, con la vejiga de oveja transformada en fuelle, Merk estaba listo para cosechar el carbón vegetal.
El pueblo entero se congregó en torno a la pila. El Jefe, al ver la Magia de Fuego, torció el gesto. Merk, apasionado con sus preparativos, no se fijó.
Sita si se dió cuenta.
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