sábado, 31 de agosto de 2013

Cueva de Los Letreros. Parte VI Espigas doradas. Capítulo 20.

Merk y Sita se hallaban junto a la ribera. Era uno de esos raros días soleados de finales de otoño, y se estaban bañando en el río.

Sita había traído romero y lavanda para lavarse el pelo. La saponina y aceites vegetales lo dejaban muy lustroso. Su vientre empezaba a delatar su cambio de condición.

Tras almorzar, Merk llevó los cuencos a la ribera, a frotarlos con arena mojada para limpiarlos.

Un destello llamó su atención. Había  una piedra amarilla y brillante. Lo primero que notó fue su peso. No era una piedra, exactamente. Se parecía al cobre frío después de la fundición, pero distinto.

Al verlo, Sita sintió un presagio. Había magia en esa pepita. Sólo una vez vio uno de los Marinos que llevaba un medallón al cuello de lo que parecía ser esa substancia.

Merk le preguntó si pensaba que esa pepita se pudiera fundir y trabajar como el cobre. Temerosa, le contó acerca del medallón.

Merk comenzó a buscar más en la ribera. Volvieron a casa con una bolsita llena.

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