Y pasó media luna.
Merk, bajo el atento cuidado de Sita, siguió recuperando las fuerzas perdidas en el cruce y la hambruna posterior.
Y se sabía vivo. Aún no estaba seguro de si había estado muerto, o de si la Mujer Medicina simplemente le había convencido de algo que ya sospechaba. De todos modos, ella poseía una magia poderosa. Era innegable que ella podía resucitar a un muerto, si se lo proponía.
Apoyado en sus muletas, salió de la choza como cada mañana. Ya estaba empezando a comprender el habla de esta gente de tez aceitunada.
Y le llovían las preguntas. Los cazadores, impresionados por su súbita aparición, le apodaron El Guerrero Negro, Cruzador de Mar Sin Retorno, Elegido de Toro.
El jefe de la tribu buscaba su compañía, de la que sacaba más prestigio por asociación. Merk, por su parte, aprovechó la compañía para aprender el idioma y las costumbres.
Esta noche había un Festival. Era la Luna Llena de la cosecha. Fiesta de Fertilidad. La aparición cuasi milagrosa de Merk le daba un carácter especial.
Sentado a la sombra, Merk observó las cantidades ingentes de malaquita verde apiladas junto a la choza del jefe.
También observó no haber visto un simple objeto de cobre en su estancia. ¿Cómo podían tener tanta malaquita sin cobre?
Preguntar al jefe fue una revelación. Los Marinos del Este intercambiaban la malaquita por algo llamado "aceite". Una sustancia pegajosa usada como medicina, paral lámparas sagradas y platos de ofrenda a Toro.
Un brillo cruzó la mirada de Merk.
No hay comentarios:
Publicar un comentario