domingo, 25 de agosto de 2013

Cueva de Los Letreros. Parte II. Entremundos. Capítulo 8.

Tras tres días de labor ardua, Merk estaba preparado para la caza del Uro. Había cavado ya una fosa para atrapar a la bestia, y una avenida para perseguirlo.

Había dejado armas cerca de la fosa, para tener las manos libres. Sólo quedaba esperar. Tenía antorcha preparada para comenzar la persecución.

La gran bestia se tomaba su tiempo, paciendo. Merk ya había observado la increíble velocidad y fiereza de esta criatura, y sintió un algo de aprensión.

Por otra parte, no tenía nada que perder. Estaba famélico y, al fin y al cabo, había muerto ya. Se decidió.

Tras encender su antorcha, emergió desde detrás de la roca en que se había  escondido.

A grito pelado, molineando la antorcha, cargó contra un animal del tamaño de un rinoceronte.

El toro, quintaesencia de gracia y muerte, lo miró, impávido. Merk siguió avanzando en su carrera, a gritos, hasta que estuvieron cara a cara.

El toro explotó a una, levantando a Merk como a una pluma del suelo. No una, sino tres veces.

Con los últimos residuos de la conciencia en su cuerpo quebrantado, Merk oyó un ulular sobrecogedor.

Y el mundo se fue a dormir. Con él, Merk.

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